“Sentí un tirón solo por alcanzar el control remoto. Ni corría, ni entrenaba, ni hacía nada. Solo vivía sentado… y eso me estaba costando la salud.”
Durante años me convencí de que el ejercicio no era para mí. Que ya era tarde, que mi cuerpo no podía, que dolía demasiado. Hasta que un día, en una acción tan simple como agacharme a recoger algo del suelo, el cuerpo me gritó: “¡basta!”. Ese fue mi punto de quiebre.
No siempre fui una persona activa

Tengo 58 años. Pasé más de 20 con una vida sedentaria. Mis días eran trabajar, sentarme a comer, mirar televisión y dormir. El único movimiento real era ir del sillón a la cocina. Nunca pensé que eso me iba a pasar factura… hasta que lo hizo.
Lo más duro no fue el dolor físico. Fue darme cuenta de que había dejado de confiar en mi propio cuerpo.
¿Por dónde empecé?
Con miedo. Con vergüenza. Y con mucho desconocimiento.
No quise ir al gimnasio. Me intimidaba. En vez de eso, elegí lo más básico: caminar.
El primer día fueron 10 minutos. Me sentí torpe. Al tercer día, me dolían los gemelos. Pero al quinto día, algo cambió: no el cuerpo, sino la mente. Sentí orgullo. Y eso bastó para seguir.
Lo que nadie te dice cuando empiezas después de los 50
- No necesitas “ponerte en forma” para comenzar. Comenzar te pone en forma.
- La motivación no viene antes. Viene después del primer logro.
- Tu cuerpo no está roto. Está esperando que lo despiertes.
- El dolor de moverse es temporal. El de no moverse, se acumula.
- Caminar es un acto de dignidad física. No es “poco”, es mucho más que nada.
Mi rutina (real) de ejercicio hoy
Nada glamuroso. Nada complicado. Solo constancia:
- Lunes a viernes: camino 5 km por la mañana. A veces escucho música, otras veces solo camino en silencio.
- Sábados: hago 20 minutos de estiramientos y algo de yoga suave desde YouTube.
- Domingos: descanso activo. Salgo a pasear o simplemente no me exijo.
No cuento calorías. No llevo reloj inteligente. Solo me escucho y me muevo.
¿Y tú? ¿Estás esperando que todo duela más para empezar?
Si tienes más de 50 y el cuerpo ya te habla con rigidez, cansancio o insomnio, es hora de moverte. No por estética. No por moda. Por ti.
Hazlo para poder agacharte sin miedo. Para levantarte de la cama con energía. Para seguir siendo independiente.
No necesitas un gran plan. Solo un primer paso. Porque eso, aunque parezca pequeño, te cambia la vida entera.