Cada año, uno de cada tres adultos mayores de 65 años sufre una caída. Muchas de esas caídas no son solo accidentes: son señales de alerta de un cuerpo que ha perdido equilibrio, coordinación y movilidad funcional. Lo preocupante es que la mayoría se podrían prevenir con ejercicios específicos y simples, si se detectan a tiempo los factores de riesgo.
El equilibrio y la movilidad no solo son indicadores de salud física, también determinan la autonomía, seguridad y calidad de vida en la vejez. A partir de los 50 años, el cuerpo comienza a experimentar cambios naturales: disminución del tono muscular, pérdida de flexibilidad, menor estabilidad postural y reducción en la velocidad de reacción.
La buena noticia es que, con una intervención adecuada, estos efectos pueden ralentizarse e incluso revertirse. Este artículo explora las causas de la pérdida de equilibrio, cómo prevenir caídas y qué tipo de ejercicios son más eficaces para mantener la movilidad activa en la madurez.
¿Qué causa la pérdida de equilibrio y movilidad con la edad?

El proceso es multifactorial. Entre las causas más comunes encontramos:
- Pérdida de masa muscular (sarcopenia)
- Disminución de la propiocepción (capacidad del cuerpo para percibirse en el espacio)
- Deterioro del sistema vestibular (equilibrio interno del oído)
- Reducción de la flexibilidad articular y el rango de movimiento
- Uso prolongado de calzado inadecuado o superficies inseguras
- Falta de estimulación motora regular
Además, factores como el sedentarismo, enfermedades neurodegenerativas o el uso de ciertos medicamentos pueden acelerar esta pérdida.
¿Por qué es importante trabajar el equilibrio y la movilidad?
Porque están directamente ligados a la prevención de caídas, que en adultos mayores pueden provocar:
- Fracturas (especialmente de cadera)
- Pérdida de independencia
- Miedo a moverse (síndrome post caída)
- Hospitalizaciones y deterioro funcional
Mantener un buen equilibrio significa poder subir escaleras sin inseguridad, girar rápidamente sin mareos, caminar por superficies irregulares y moverse con confianza.
Evaluación básica: ¿cómo saber si tu equilibrio está en riesgo?
Un test simple que cualquier persona puede hacer en casa:
Prueba del equilibrio estático:
- Párate derecho con los pies juntos.
- Cruza los brazos sobre el pecho.
- Intenta levantar un pie y mantener el equilibrio.
- Cronometra cuánto tiempo puedes sostenerte (sin moverte ni apoyar el otro pie).
Resultados orientativos:
- Menos de 5 segundos: riesgo elevado de caída
- Entre 5 y 15 segundos: equilibrio comprometido
- Más de 15 segundos: buen nivel funcional
Ejercicios recomendados para mejorar equilibrio y movilidad

A continuación, una serie de ejercicios avalados por fisioterapeutas y programas de envejecimiento activo:
1. Caminata en línea recta (tándem)
Camina con un pie delante del otro, como si anduvieras sobre una cuerda. Mejora la estabilidad y el control corporal.
2. Elevaciones de talones y puntas
Fortalece tobillos y pantorrillas, fundamentales para la estabilidad.
3. Transferencias de peso
Pasa el peso del cuerpo de un pie al otro lentamente, manteniendo la postura erguida.
4. Sentadillas con apoyo
Activa el tren inferior, clave para la movilidad funcional (sentarse, levantarse, subir escaleras).
5. Estiramientos activos
Enfocados en caderas, hombros y columna vertebral para mantener la movilidad articular y la alineación postural.
Frecuencia ideal de práctica
Para resultados reales y sostenibles, se recomienda:
- De 3 a 5 días por semana
- Sesiones de 15 a 30 minutos
- Combinación de ejercicios estáticos (mantener postura) y dinámicos (movimiento controlado)
- Uso opcional de elementos como sillas, barras de apoyo o colchonetas antideslizantes
Equilibrio y movilidad no son lujos en la madurez
Equilibrio y movilidad no son lujos en la madurez, son necesidades fundamentales. Ignorarlos es correr un riesgo silencioso que puede afectar la autonomía personal y la salud general.
Incorporar ejercicios específicos, evaluar regularmente tu capacidad de sostenerte y moverte con seguridad, y hacer pequeños ajustes en tu entorno diario puede marcar una gran diferencia. La prevención comienza con el movimiento.