Hay muchas personas que piensan en empezar pilates justo en el momento en el que menos en forma se sienten.
Y casi siempre aparece la misma duda: “¿No debería ponerme un poco mejor antes de empezar?”
La realidad es que esa idea, tan lógica sobre el papel, es una de las principales razones por las que mucha gente no empieza nunca.

La paradoja de “ponerme en forma antes”
Querer estar mejor antes de empezar pilates parte de una suposición muy común:
que el pilates es algo que se hace cuando ya tienes un cierto nivel.
En la práctica, ocurre justo lo contrario.
Muchas personas llegan a su primera clase con:
- rigidez acumulada
- poca conciencia corporal
- inseguridad al moverse
- miedo a “no seguir el ritmo”
Y precisamente por eso el pilates funciona tan bien como punto de partida.
Lo que suele pasar en una primera clase (de verdad)
Cuando alguien empieza pilates por primera vez, lo más habitual no es quedarse atrás, sino sorprenderse por el enfoque.
No hay prisas.
No hay sensación de examen.
No hay presión por hacerlo todo perfecto.
Lo que sí suele pasar es esto:
- movimientos más lentos de lo esperado
- mucha atención a cómo respiras
- ejercicios que parecen sencillos… hasta que los haces con control
- sensación de trabajo profundo sin agotamiento extremo
Para muchas personas, ese primer contacto cambia por completo la idea que tenían del pilates.
Si te interesa entender mejor este punto de partida realista, este artículo sobre Empezar pilates en Sant Cugat: lo que suele pasar (y lo que no) cuando es tu primera vez explica muy bien por qué no hace falta experiencia previa para empezar con criterio.
“No soy flexible”: el freno más común
La falta de flexibilidad es, con diferencia, la objeción más repetida.
Y también una de las menos relevantes al empezar.
La flexibilidad no es un requisito de entrada.
Es una consecuencia del proceso.
De hecho, muchas personas rígidas mejoran más que aquellas que ya se mueven “bien”, porque empiezan a moverse con atención por primera vez en mucho tiempo.
Cuando el cuerpo necesita control, no intensidad
Otro error frecuente es pensar que el cuerpo necesita más caña.
Cuando en realidad, lo que necesita es organización.
Pilates no va de hacer más repeticiones ni de terminar exhausto.
Va de:
- aprender a moverte sin tensarte
- coordinar respiración y movimiento
- dejar de compensar sin darte cuenta
Por eso funciona especialmente bien en personas que:
- vienen de periodos de sedentarismo
- han probado entrenamientos intensos sin continuidad
- sienten que su cuerpo “no responde como antes”

El momento correcto para empezar casi nunca es “cuando esté mejor”
La mayoría de personas que hoy practican pilates con regularidad empezaron:
- sin estar en forma
- con dudas
- con inseguridad
- sin saber muy bien si era para ellas
Empezaron tal y como estaban.
Y eso marca una diferencia enorme, porque el progreso llega cuando el punto de partida es realista.
Si en algún momento te planteas dar ese primer paso, revisar cómo funcionan las clases de pilates para empezar puede ayudarte a entender qué opciones existen sin compromiso ni presión.
Una reflexión final honesta
Esperar a estar en forma para empezar pilates es como esperar a saber tocar un instrumento para ir a clase.
No funciona así.
Pilates no está pensado para cuerpos ideales, sino para cuerpos reales, con historia, tensiones y limitaciones.
Y precisamente ahí es donde mejor encaja.